Trío ardiente: Melody Marks al límite de la lujuria
“Si entra alguien, nos atrapan”, susurré mientras Melody Marks se agarraba a mis hombros, sus uñas clavándose en mi espalda mientras Kristof Cale le mordía el cuello. Mi polla entraba y salía de su coño mojado al ritmo de sus gemidos ahogados, cada embestida más profunda, más salvaje, como si el peligro de ser descubiertos nos volviera más animales. Ella giraba la cabeza hacia la puerta cada vez que escuchaba un ruido en el pasillo, su respiración entrecortada, sus tetas rebotando con cada movimiento. Kristof le tapó la boca con una mano mientras yo la empujaba contra la pared, sus muslos temblando, su excitación gotando por mis pelotas. “No pares, por favor”, gimoteó, y yo aceleré el ritmo, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de mi verga, lista para estallar. Los pasos en el piso de arriba nos hicieron congelar por un segundo, pero luego volví a moverme, más duro, más rápido, hasta que Melody se corrió con un grito ahogado, su jugo caliente chorreando por mis piernas. Kristof se arrodilló para chupar mi polla limpia, y cuando ya no aguanté más, me vine en su cara, el semen goteando por su barbilla. Una mancha de semen brillaba en el suelo junto a su tanga desgarrado.