Nelly Kent se deja dominar por la polla gigante de Raul Costa
Nelly Kent no pudo resistirse a la mirada de Raul Costa ese día. Desde que lo vio, supo que quería que la dominara, que la hiciera suya sin piedad. Con más de 15 minutos de escena, Raul no perdió tiempo: la empujó contra el pasto, le arrancó la ropa interior y le ordenó abrir las piernas. 'Quieta, perra', le dijo mientras le metía los dedos en el coño mojado, haciéndola gemir de inmediato. Nelly no tenía opción, solo obedecer. Cuando Raul sacó su verga enorme y la frotó contra sus labios, supo que no habría escapatoria. 'Chúpala, puta', gruñó, y ella no dudó en abrir la boca, tragándosela hasta que las lágrimas le rodaron. La saliva le escurría por la barbilla mientras Raul le agarraba la cabeza, follándole la garganta con embestidas secas. Nelly se ahogaba, pero no protestó, solo jadeaba entre arcadas, sintiendo cómo la polla de Raul golpeaba su garganta. Después de dejarla medio asfixiada, la arrojó de rodillas y la empotró de perrito, metiéndosela de una estocada que le hizo chillar. Raul la agarró de las caderas, moviéndola a su ritmo, haciendo que el impacto de sus pelotas contra su culo resonara en el aire. Nelly gritaba, suplicaba, pero Raul solo la callaba con más fuerza, exigiendo que le apretara el culo para sentirla mejor. Cuando cambió de posición, poniéndola boca arriba, Nelly vio cómo su pecho rebotaba con cada embestida. '¿Te gusta, zorra?', le escupió, y ella solo pudo gemir, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de esa polla monstruosa. Raul la volteó otra vez, ahora colocándola de espaldas, y la penetró desde atrás, clavándosela hasta que Nelly sintió que le tocaba el cuello del útero. El dolor y el placer se mezclaban, y ella ya no sabía qué pedir, solo más. 'Dame tu leche', gimió cuando sintió que Raul se acercaba al límite, y entonces lo sintió correrse dentro de ella, llenándola por completo. Pero eso no fue suficiente: Raul se sacó y cayó de rodillas, agarrándole la cabeza para vaciarle toda su corrida en la cara, marcándola como suya. Nelly quedó con la boca llena, la verga aún palpitando frente a ella, y solo pudo tragar, obediente, sabiendo que era suya para siempre.