Destruyendo el culo gordo de mi novio mientras lo lamo
Estoy arrodillado detrás de él, separándole las nalgas con las manos mientras mi lengua recorre cada pliegue de su agujero. La puerta del cuarto está entreabierta y en cualquier momento podría entrar alguien, pero eso solo me pone más caliente. Sus gemidos ahogados contra la almohada me indican que le encanta, que quiere más, pero no puede gritar. Mi polla ya está dura como piedra, frotándose contra su muslo mientras sigo lamiendo, chupando, mordisqueando su entrada. De pronto, escucho pasos en el pasillo y me detengo un segundo, conteniendo la respiración. Él se tensa, pero no se atreve a moverse. Cuando confirmo que no es nadie, vuelvo a la carga, esta vez metiendo dos dedos de golpe mientras mi lengua sigue trabajando. Su culo se aprieta alrededor de mis dedos, mojado y caliente, y sé que está a punto de explotar. Lo empujo contra la pared para que no haga ruido, pero sus gemidos se escapan en suspiros entrecortados. Saco mis dedos y los reemplazo con mi verga, entrando de una estocada hasta que sus caderas chocan contra la pared. Lo follo duro, rápido, sintiendo cómo su culo se ajusta a mi polla como un guante. Cada embestida lo hace gemir más fuerte, pero se tapa la boca con la mano para no alertar a nadie. Cuando ya no aguanto más, lo agarro del pelo y lo obligo a mirarme mientras me corro dentro de él, llenándolo hasta el último centímetro. Se queda quieto, respirando agitado, con mi leche goteando por sus muslos. Solo entonces noto que la puerta está completamente abierta y que alguien podría haber visto todo.