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Kirsten se corre en una mañana de placer salvaje

6:56 720P 0 Corridas
follada contra la paredleche por todas partespolla bien duramamada profunda sin parargemidos de puta en celocoño mojado y goteandochica calienteculo empotrado sin piedadcorrida intensa y sudorosasexo salvaje en praga
Estúdio Helconny

Kirsten llegó a Praga con ganas de que alguien le diera duro y sin perdón, y este puto tipo no decepcionó ni un segundo. Lo primero que sintió fue su aliento caliente en la oreja mientras le susurraba guarradas al oído, con la polla ya bien dura rozándole el muslo y dejando una mancha de pre-semen en el pantalón ajustado que llevaba. Sin pensarlo dos veces, se dejó caer de rodillas sobre la alfombra de su habitación de hotel y se abrió el vestido sin pudor, mostrando el coño depilado y bien mojado que llevaba horas sintiendo palpitar. Le agarró la verga con las dos manos y se la metió entera en la boca, ahogándose un poco cuando le golpeó la garganta, pero sin soltar ni un segundo, dejando que la saliva le resbalara por la barbilla mientras él gemía y le agarraba el pelo con fuerza. La levantó como si no pesara nada y la empotró contra la pared, levantándole el vestido hasta la cintura para dejarle el culo al aire, bien prieto y listo para que le metiera la polla hasta el fondo sin compasión. Ella se dejaba hacer, con los pechos rebotando cada vez que él le daba un azote en el culo mientras la penetraba como un animal, gritando de placer con cada embestida profunda que le dejaba el coño bien abierto y temblando. Pero no se conformó con eso, se giró como una perra en celo y se puso en cuatro patas sobre la cama, ofreciéndole el culo para que se lo follara como un dios, con la cara enterrada en el colchón mientras él le clavaba la polla hasta el fondo y le agarraba las tetas con las dos manos. Se corrió primero ella, con un gemido largo y agudo que le salió del alma, mojándole la polla con su leche espesa mientras él seguía dándole sin piedad, hasta que él también explotó dentro de su coño bien apretado, llenándola de leche caliente que le resbalaba por las piernas. Se dejaron caer los dos sobre las sábanas, sudados y jadeando, con el perfume a sexo y sudor flotando en el aire mientras Kirsten se llevaba los dedos a la boca para chuparse el sabor de su corrida mezclada con el semen que aún le goteaba entre las piernas.

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