Melody Marks se corre en la boca después de un polvo salvaje
Melody Marks te voy a contar cómo me mojé entera cuando Kristof Cale me empotró contra la pared del hostal. Llevaba días provocándolo con fotos de mi culo en tanga, rozándome contra él en el pasillo, susurrándole al oído que me encantaría que me partiera la concha con esa polla gruesa que tenía. Él aguantó hasta que no pudo más y me arrinconó en la habitación, bajándome los jeans de una patada para hundir su lengua en mi coño chorreante. Gemí tan fuerte que casi nos descubre el conserje, pero no nos importó cuando me puso en cuatro patas y me penetró de una estocada hasta hacerme tocar el cuello del útero. Sentía cada centímetro de su verga entrando y saliendo, mis muslos temblaban y mis gritos se mezclaban con el sonido de su piel chocando contra la mía. Cuando me corrió en la boca, el semen caliente me llenó hasta la garganta y se me quedó pegado en los labios, brillando bajo la luz de la lámpara. Al terminar, su polla aún palpitaba y mi tanga quedó tirado en el suelo, manchado de mi flujo y su leche.