Rubia caliente se deja llenar de leche en el hotel
La rubia no podía creer que el tipo del ascensor le hubiera soltado ese piropo tan sucio cuando le dijo que su culo merecía un premio... y ahora estaba aquí, en la suite del hotel, con sus tetas enormes temblando mientras él le bajaba el tanga de encaje. El muy cabrón le metió dos dedos en el coño empapado sin avisar, arrancándole un gemido ronco que le erizó la piel de los muslos. Ella, que al principio solo quería un polvo suave, terminó con las piernas en alto y la espalda contra el espejo, mientras él le comía la boca como si fuera a tragársela viva. La morena, que observaba todo desde el sofá, no pudo resistirse y se acercó para lamerle los pezones duros como piedras a la rubia, quien no paraba de mover las caderas buscando más. El moreno, con su verga gruesa y sudorosa, le dio la vuelta de golpe y la empaló contra la pared, haciendo que sus tetas botaran con cada embestida brutal que le dejaba el coño escocido y palpitante. La rubia, entre gritos y maldiciones, le agarró el culo para que no la soltara ni un segundo, mientras él le escupía en la grieta del culo antes de clavársela hasta el fondo. El moreno no aguantó más y le soltó toda su leche caliente en la cara, cubriéndole los labios, la nariz y hasta los ojos, mientras la rubia se corría con espasmos que le sacudían el cuerpo entero. La morena, loca de deseo, se arrodilló frente a él y le chupó los restos de corrida que le colgaban de los huevos antes de que él le llenara la boca con un segundo chorro espeso que le quemó la garganta. Las dos quedaron tiradas en el suelo, jadeando y sudorosas, con las piernas temblorosas y el coño tan mojado que se les pegaba la ropa interior. El olor a sexo inundaba toda la habitación, mezclando el aroma dulce de la excitación con el toque salado del semen que les chorreaba por las piernas. Ninguna de las dos quería que terminara, pero el moreno ya les estaba susurrando que esto solo había sido el calentamiento...