Hombre se corre con su polla masturbándose fuerte
Tenía la polla tan dura que parecía a punto de reventar, con las venas marcadas y la cabeza morada de puro deseo, así que se la agarró con fuerza y empezó a pajearse sin piedad mientras se imaginaba que era su mano la que se la chupaba a él. Se mordió el labio inferior hasta casi sacarse sangre mientras los primeros chorros de leche espesa le salpicaban la barriga y el pecho, gruesos hilos blancos que resbalaban por su piel sudada y brillosa bajo la luz de la pantalla. Cada embestida de su puño era un golpe seco, un sonido húmedo que se mezclaba con sus gemidos roncos y el crujido de sus rodillas contra el suelo, donde había caído de rodillas para no perder ni gota de ese placer que lo consumía. La leche le caía en chorros intermitentes, primero espesos y pegajosos, luego más finos hasta que solo quedó el goteo lento de las últimas gotas que se le escurrían por los dedos mientras su respiración se convertía en jadeos entrecortados. El olor a sexo y a sudor llenaba el aire, mezclado con el aroma metálico de su propio semen que le quemaba los orificios nasales cada vez que inhalaba con desesperación. No pudo evitar cerrar los ojos y dejar que su mente se llenara de imágenes sucias: coños hinchados, culos apretados y bocas hambrientas alrededor de su verga, pero sobre todo, el recuerdo de cómo se sentía al correrse dentro de algo caliente y mojado que lo apretara como un torno. Cuando por fin dejó de temblar, se quedó ahí, jadeante, con la polla aún temblorosa y los muslos temblorosos de tanto esfuerzo, mientras se limpiaba los restos de semen con los dedos y se los llevaba a la boca para saborear cada gota salada que le quedaba en la lengua. No pudo evitar reírse entre dientes, porque al final, no había nada mejor que correrse solo, con su propia mano, sin complicaciones y sin que nadie le robara el protagonismo de su propio placer.