La rubia cachonda se deja empotrar por el médico
La doctora llevaba semanas observando cómo esa rubia de curvas explosivas se retorcía en la camilla cada vez que le tocaba revisar sus tetas perfectas. Hoy no iba a conformarse con un simple chequeo, menos aún cuando la paciente llegó con una minifalda que apenas le cubría el coño y unas medias de red que le apretaban el culito como un guante. El primer contacto fue entre sus piernas, cuando él le pasó los dedos por el coño empapado sin avisar, arrancándole un gemido ahogado que le hizo olvidar por completo el malestar que la trajo. Ella no opuso resistencia cuando él la empujó contra la pared del consultorio, le arrancó las bragas de un tirón y le metió la polla hasta el fondo sin preliminares, sintiendo cómo su coño se abría como una flor mojada bajo cada embestida brutal. Los tacones de ella se clavaron en el suelo mientras él la empotraba contra los archivadores, haciendo temblar los diplomas colgados en la pared cada vez que su culo chocaba contra el metal frío. Las tetas de la rubia botaban sin control bajo el ajustado uniforme médico, y ella no pudo evitar morderse el labio inferior hasta hacerlo sangrar mientras él le gruñía al oído que se quedara quieta, que era su turno de aliviar el estrés. La doctora aumentó el ritmo cuando notó que los jugos de ella le resbalaban por los muslos, agarrándole el pelo para obligarla a arquear la espalda mientras le metía hasta la garganta su polla gruesa y venosa, ahogándola en un mar de babas antes de sacársela para escupirle un hilo de semen en la cara. El final llegó cuando él la volteó sobre la camilla, le levantó las piernas hasta casi doblarlas y se la clavó por el culo sin piedad, sintiendo cómo su coño se contraía en espasmos mientras se corría en chorros espesos sobre su vientre plano. Ella quedó tirada allí, con las medias rotas, el maquillaje corrido y el coño goteando leche caliente, mientras él se limpiaba la polla con un trapo antes de volver a vestirse como si nada hubiera pasado.