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Chorro de leche arruinado con pistola de masaje

0:55 1080P 6 Corridas
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Estúdio Tomasrengl
Atores Tomasrengl

El tío se tumba en el sofá con la polla bien dura y la piel del prepucio estirada al máximo, resbaladiza por el líquido preseminal que ya le gotea por la punta como si fuera un grifo mal cerrado. Se agarra con la mano derecha y empieza a pajearse lento, con movimientos circulares que le hacen gemir entre dientes mientras la otra mano se le escurre por el muslo sudado. La pistola de masaje vibra en su mesa de noche, lista para usarse, pero él prefiere torturarse un rato más observando cómo su verga se hincha y palpitita con cada tirón, la punta morada y brillante por la excitación. Cuando ya no puede más, la suelta un segundo para untarse más lubricante en la mano, pero el contacto frío del gel no hace más que avivar el fuego que le quema por dentro. Vuelve a agarrarse con fuerza, esta vez sin piedad, moviendo el puño arriba y abajo mientras los primeros chorros de leche espesa le salpican el vientre en gotas gruesas y blancas que caen sobre su ombligo hundido. La pistola de masaje la enciende sin pensarlo dos veces, colocándola justo debajo de los huevos, que se le contraen al instante bajo las vibraciones rápidas y brutales. Un gemido largo y gutural le sale de la garganta cuando la sensación le recorre el cuerpo como un rayo, y en menos de un minuto la polla se le pone como una piedra otra vez, lista para soltar otra ronda de semen espeso y caliente que le chorrea por los dedos y le mancha hasta el pecho. Los últimos tirones son desesperados, con la mano izquierda apretándole los huevos para exprimir hasta la última gota de leche mientras la pistola no para de vibrarle entre las piernas, dejándole la piel de gallina y los muslos temblorosos por el esfuerzo. Al final, se queda ahí tirado, con la polla flácida pero todavía goteando, la leche mezclada con sudor le resbala por el torso y el olor a sexo y piel caliente le llena las fosas nasales mientras intenta recuperar el aliento entre risas y maldiciones. La pistola sigue vibrando en el suelo, pero ya no le importa, porque acaba de arruinar su orgasmo de una forma que ni en sus mejores sueños se hubiera imaginado.

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