Madrastra zorra se la clavan en el hotel
La muy puta llevaba días mirándolo con morritos desde el sofá mientras su mejor amigo le llenaba la copa, hoy no pudo resistirse cuando la invitación llegó con ese trago de más que le nubló el juicio. Él, negro como el pecado y con una verga que parecía un tronco de guayacán, no tardó en agarrarla del brazo y llevársela al OYO sin darle opción a protestar, el ascensor olía a sudor barato y a perfume de droguería que le excitó el coño más de lo que ya estaba. En cuanto la puerta del cuarto se cerró de golpe, ella se dejó caer sobre la cama con esos pechos que rebotaban como gelatina y ese culo que pedía a gritos que la empalaran, él no necesitó más invitación que el brillo de sus ojos llenos de lujuria cuando le arrancó el vestido de un tirón dejando sus tetas al aire y su tanga empapado en jugos que ya le chorreaban por los muslos. Él se la folló primero de pie contra la pared, embistiéndola con fuerza mientras le mordía el cuello y le apretaba las tetas con esas manos grandes que le dejaban marcas rojas en la piel, ella gemía como una perra en celo y le suplicaba que no parara mientras él le metía dos dedos en el culo para prepararla antes de cambiarla de posición sin piedad. La puso a cuatro patas sobre el colchón sucio del hotel, ese culo redondo que parecía hecho para ser llenado le temblaba mientras él le escupía en el agujero y le metía la cabeza de su verga negra sin avisar, el primer empujón la hizo gritar como si la estuvieran matando pero al segundo ya estaba empujando el culo hacia atrás para que se la metiera más hondo. La follada anal fue brutal, cada embestida le sacudía el cuerpo entero y le hacía soltar chorros de orina caliente que le resbalaban por las piernas mientras él le agarraba de los pelos y le gritaba obscenidades en hindi mezcladas con groserías en español que solo servían para encenderla más, el sonido de sus nalgas chocando contra su pelvis era música para sus oídos y el olor a sexo y a sudor lo envolvía todo como una niebla pegajosa. Cuando ella sintió que su coño se contraía como nunca, supo que el orgasmo estaba cerca, él aprovechó para girarla y ponerla boca arriba, levantándole las piernas hasta que sus rodillas le tocaron las tetas mientras le metía la verga una y otra vez hasta que el líquido blanco le brotó a chorros por la boca y la cara, manchándole las tetas, el pelo y el colchón mientras ella se corría en espasmos que le sacudían el cuerpo entero y le dejaban la piel erizada de placer. Después, exhaustos y cubiertos de sudor, se quedaron tirados en la cama revuelta mientras él le susurraba al oído que su mejor amigo les había pagado la habitación para que se la follara como una perra, y ella solo pudo reírse con la boca llena de semen antes de lamerle los huevos hasta dejarlo seco.