Baronesa caliente se deja empotrar en el palacio real
La baronesa llevaba días lanzándole miradas cargadas de lujuria desde el balcón, mientras él paseaba por los salones con su uniforme ajustado dejando ver cada músculo bajo la tela fina. Cuando por fin se quedaron a solas en aquella habitación dorada con cortinajes de terciopelo, ella ni siquiera esperó a que cerrara la puerta: se quitó el corsé de golpe y le mostró su coño rapado y brillante, ya mojado por horas de fantasías prohibidas. Él no necesitó más invitación que el aroma a hembra excitada que flotaba en el aire, así que la empujó contra la pared de mármol frío y le arrancó las medias de red con los dientes mientras ella gemía como una puta en celo. La primera embestida la dejó sin aliento: polla gruesa y venosa abriendo su raja con fuerza, sintiendo cómo el culo le temblaba al ritmo de cada empellón salvaje. Ella se dejó caer de rodillas en la alfombra persa, le chupó la punta con lengua juguetona y profunda hasta ahogarse con su sabor salado, mientras sus tetas pesadas se balanceaban al compás de los movimientos. Él la levantó por las caderas y la tumbó sobre la mesa de ébano, donde el mantel de encaje se manchó con los jugos que le resbalaban entre las piernas abiertas. La penetró en posición de vaquera, cabalgando su verga como una loca mientras él le azotaba el culo con la mano abierta, dejando marcas rojas que ardían bajo sus dedos sudorosos. El gemido de ella se volvió animal cuando él le metió los dedos en la boca para callarla mientras la embestía por detrás, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de su carne palpitante. La tercera vez que eyaculó dentro, fue directamente en su boca abierta y jadeante, cubriéndole la lengua y los labios de leche espesa que ella tragó sin dudar mientras seguía moviendo las caderas contra su polla flácida, aún ansiosa por más. Cuando por fin se derrumbaron sobre el sofá de piel, sudados y jadeantes, la baronesa susurró al oído de él que en el palacio no había mejor manera de gobernar que con los muslos bien abiertos y el coño bien usado.