Tina Kay se traga cada gota de leche en la oficina
Tina Kay, la secretaria de tetas gigantes, no podía resistirse más a la enorme polla de su jefe que se le clavaba cada vez que pasaba por su escritorio. Esa mañana el tipo llegó con el pantalón ajustado y ella sintió el bulto palpitante mientras le ordenaba archivar unos papeles. Sin poder aguantar, se acercó de rodillas y le bajó el cierre con los dientes, dejando al descubierto esa verga gruesa y venosa que tanto deseaba. Cuando la primera gota de pre-semen le rozó los labios, Tina no lo pensó dos veces y se la metió hasta la garganta, ahogándose con los gemidos mientras él le agarraba el pelo con fuerza para empalarla más profundo. El sabor salado del líquido preseminal le hizo arder la boca, pero no le importó, solo quería más, así que empezó a mamársela como una loca, con las tetas rebotando cada vez que la cabeza de él golpeaba su paladar. El jefe, sin poder resistirse, le escupió en el coño mojado antes de darle la vuelta sobre el escritorio, arrancarle el tanga y clavársela hasta el fondo mientras ella gritaba de placer entre espasmos. Las embestidas eran brutales, el escritorio crujía bajo el peso de sus cuerpos sudorosos y el sonido húmedo de sus cuerpos chocando resonaba en toda la oficina. Tina, con las tetas aplastadas contra el papel, solo podía gemir y pedirle que no se detuviera, que la llenara por completo, que le hiciera correrse sobre ese coño que ya chorreaba babas de tanto deseo. Cuando él le avisó que se corría, ella abrió la boca bien grande y recibió cada chorro de leche caliente directamente en la lengua, tragándosela toda sin perder ni una gota mientras su jefe gruñía de placer y le mancillaba la cara con los restos del facial. Después, exhaustos y con la piel pegajosa, se quedaron así, respirando entrecortadamente, sabiendo que ese no sería el último polvo de la semana en esa oficina.