Mi hermanastra virgen recibe tres pollas de fútbol a la vez
La muy zorrita llegó con ese vestido ajustado de animadora que le marcaba hasta el último pliegue de su coño mojado y esas piernas largas que no paraba de mover mientras se mordía el labio inferior. Al verla así, con las tetas saltando bajo el top blanco y el culo prieto apretando el tanga, no pude evitar soltar un gruñido y agarrarle las caderas para clavársela sin piedad. Ella gimió fuerte cuando la primera polla —gorda y venosa, de esas que solo tienen los jugadores de fútbol— le entró hasta el fondo del coño virgen, estirándola hasta hacerla gritar. Pero eso no fue suficiente, porque en menos de un segundo ya tenía a dos más empujando contra sus labios, exigiendo que les chupara la punta mientras la tercera le empotraba el culo con fuerza, dejándole el ano bien abierto y temblando. La pobre no sabía ni por dónde empezar a gemir, con la boca llena de carne palpitante y los dos agujeros llenos hasta el tope, sintiendo cómo cada embestida le llegaba hasta el estómago. Las tetas le botaban sin control mientras la sujetaban entre cuatro pares de manos, una ordeñándole los pezones duros y otra apretándole el cuello para que no se atragantara con tanta verga. Un chorro de leche le resbaló por la mejilla cuando uno de ellos se corrió en su cara, pero ella no tuvo tiempo de limpiarse porque otro le disparó directamente en la boca, ahogándola con su propio gemido ahogado. El coño le chorreaba de leche y flujo, el culo le ardía de tanto follar, y aunque intentaba aguantar, no pudo evitar correrse ella también con un espasmo brutal que le hizo temblar las piernas. Entre toses y jadeos, siguió recibiendo pollas por todos lados, sintiendo cómo se le llenaba la garganta de semen caliente mientras el último jugador le descargaba en el vientre, dejándola blanca y exhausta, con la cara pegajosa y el coño hecho un desastre. Ahora entiende por qué su hermanastro le dijo que para entrar en el equipo había que ser puta de verdad.