Martin Gun seduce a una bailarina francesa virgen en su primera experiencia
La agarras por la cintura mientras sus piernas temblorosas se enredan en tu espalda, sintiendo cómo su coño apretado se moja contra tu polla dura. Llevabas días mirándola en el estudio, robando miradas cuando ella se estiraba en el suelo, sus tetitas pequeñas rebotando bajo el ajustado leotardo. La tensión era insoportable, hasta que una noche la invitaste a tomar algo y terminaste empotrándola contra la pared del apartamento. Te la chupa con torpeza pero con ganas, sus labios rojos dejando marcas en tu verga mientras gime bajito, como si alguien pudiera escucharla. La levantas y la sientas en el borde de la mesa, abriéndole las piernas para ver su conejito depilado brillando de excitación. La embistes de una estocada, sintiendo cómo su culo redondo rebota contra tus muslos, sus uñas clavándose en tu espalda mientras grita tu nombre. La pones de perrito y le das con fuerza, escuchando cómo sus gemidos se vuelven más altos, más desesperados, hasta que te corres en su cara, el semen caliente manchando sus mejillas y su pelo rojo. "¿Te gustó, puta?" le susurras al oído mientras ella jadea, todavía temblando.