La infiel Mariana Martix chupa polla y se corre con el entrenador
El gimnasio está cerrado, solo el olor a sudor y las paredes frías de las máquinas te rodean. La mojada mancha en los shorts de Mariana Martix no deja dudas de lo que quiere: te la chupa con desesperación, las tetas de silicona rebotando mientras sus dedos tiran de tu polla para que la embistes hasta el cuello del útero. Cada gemido ahogado es un riesgo de que el marido de turno aparezca, pero ella sigue empotrada sobre ti, montando como una perra en celo. Sientes cómo su coño se aprieta cuando el orgasmo la rompe, los músculos del culo temblando al correrse. La agarrás del pelo para que trage cada gota, el semen batiendo contra su garganta mientras murmura que no la sueltes. Las luces parpadean: alguien está cerca. La próxima vez, la pongo en cuatro patas contra la ventana del vestidor para que todos vean cómo le rompo el culo.