Stella Cox recibe una polla dura mientras su novio mira
Stella Cox no podía aguantar más y le soltó a su novio con voz de puta cachonda que quería ver cómo le metían la verga más dura que había sentido en su coño apretado. El tipo nuevo, con un rabo grueso que le colgaba más allá de lo normal, no se hizo de rogar y se la clavó sin piedad mientras el novio se masturbaba como un obseso al ver cómo el coño de su mujer se abría como una flor mojada. Ella, con las tetas rebotando cada vez que la empotraban contra el sofá, gemía como una perra en celo mientras le chupaba los huevos al cabrón que le estaba dejando el culo hecho puré. Las embestidas eran tan profundas que podía sentir cómo la polla le llegaba hasta el fondo del útero, haciendo que cada gemido suyo saliera mezclado con un grito ahogado y un chorro de babas que le caían por la barbilla. El novio no pudo resistirse y se acercó para enterrar su verga en la boca de Stella, que sin dudar se tragó hasta la última gota de semen caliente que le escupió en la garganta. Mientras tanto, el otro seguía dándole duro al coño empapado, sintiendo cómo los jugos le resbalaban por los muslos y le mojaban el culo al cambiarla de postura para follársela en perrito. Stella, con los ojos en blanco y la espalda arqueada, no paraba de gritar que se corría, pero el cabrón no aflojaba ni un segundo, metiéndosela hasta el fondo una y otra vez hasta que por fin le soltó toda su leche espesa en el interior, dejándola llena hasta el último centímetro. El novio, exhausto pero con la verga dura otra vez, no dudó en meterla en su propio coño, que seguía goteando por el polvo anterior, mientras Stella se dejaba hacer como una muñeca rota, con los muslos temblorosos y la piel pegajosa de sudor y semen. La escena terminó con los tres jadeando en el suelo, la alfombra llena de manchas blancas y el olor a sexo inundando el aire como un perfume barato pero irresistible.