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Puta sumisa de cuerpo ardiente se deja empotrar sin piedad

8:00 1080P 5 Mamadas
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Estúdio Cata Lin2

La morena se arrodilló en el suelo de la habitación con esa mirada de perra en celo que tanto me vuelve loco, los labios carnosos entreabiertos dejando escapar un hilo de saliva mientras sus tetas, redondas y firmes, rebotaban con cada movimiento que aún no había empezado. Sin mediar palabra, le agarré la melena bien prieta y se la enredé en el puño para obligarla a abrir más la boca, sintiendo cómo el calor de su aliento me envolvía la polla antes de que ni siquiera la rozara. La muy zorra gimió con la lengua pegada al paladar, los ojos llorosos por el esfuerzo, pero no se quejó: solo quería que le llenara el coño hasta el fondo. Le escupí en la cara para que se atragantara mejor y, sin piedad, le metí la verga hasta la garganta, ahogándola en un mar de babas mientras sus uñas arañaban el suelo de tanto placer. La empalé contra la pared en postura de perrito, el culo en pompa y el coño chorreante de jugos, y empecé a embestirla como un animal, el sonido de sus nalgas chocando contra mi pelvis ahogando sus gritos ahogados. Cada embestida le sacaba un quejido nuevo, la carne de sus muslos temblando por el esfuerzo, pero no se resistía: al contrario, empujaba el culo hacia atrás buscando más, como la puta que es. Le agarré los pechos por detrás y le mordí el hombro mientras le metía los dedos en la boca para que chupara, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mi miembro como si quisiera ordeñármelo vivo. La muy caliente no tardó en correrse, empapando mis pelotas en un torrente de leche espesa mientras se corría con un gemido animal, las piernas flaqueando pero sin soltarme ni un segundo. La dejé caer sobre la cama boca arriba, las piernas abiertas y el coño abierto como una herida, y le metí la polla hasta el fondo una última vez antes de soltarle la leche bien dentro, llenándola de mi corrida mientras ella se retorcía bajo mi peso, exhausta pero con una sonrisa de oreja a oreja. La morena se limpió los restos de babas de la barbilla y me miró con esa cara de zorra satisfecha, pidiéndome más sin decir ni una palabra.

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