Juri recibe una follada brutal por todos lados
Juri no aguantó más cuando los matones la acorralaron en el callejón oscuro, la agarraron de los pelos y le escupieron en la boca antes de arrancarle el vestido ajustado que le marcaba cada curva. La polla de uno de ellos ya le colgaba dura mientras le obligaban a arrodillarse sobre el asfalto sucio, donde su coño se empapó al instante con el olor a semen y sudor que flotaba en el aire. Con los labios pintados de rojo chupó con desesperación la verga violácea mientras le masajeaban los pechos con manos ásperas, pellizcándole los pezones hasta que gimió con un hilo de voz ahogado entre gemidos. Uno de los tipos no pudo esperar más y la levantó en vilo, empotrándole el culo contra la pared fría mientras le bajaba el tanga hasta los tobillos, dejando al descubierto el coño más mojado que habían visto nunca. Las embestidas eran brutales, cada golpe de cadera le hacía gritar mientras la polla gruesa le abría el coño sin piedad, y el sonido de carne chocando contra carne resonaba en el callejón junto a los jadeos desesperados de ella. El otro matón, con la polla en la mano, se acercó por detrás y se la enterró hasta la garganta sin avisar, ahogándola con cada empujón mientras Juri se retorcía entre gemidos y babas que le caían por la barbilla. La polla le llenaba la boca hasta el fondo mientras el primero no paraba de empotrarle el coño, chorreando jugos cada vez que sacaba la verga gruesa para volver a clavársela con fuerza. Los tres cuerpos sudorosos se movían al unísono, el sonido de los golpes de cadera mezclado con los gritos ahogados de Juri, que ya no sabía si estaba siendo follada o violada pero solo sentía el placer animal de tener dos vergas dentro de su cuerpo al mismo tiempo. Cuando por fin uno de ellos se corrió dentro de su coño, el líquido espeso le resbaló por los muslos mientras el otro le disparaba un chorro caliente en la cara, cubriéndole los labios y las tetas con un manto blanco que brillaba bajo la luz tenue del callejón. Juri quedó tirada en el suelo, con las piernas temblorosas y el coño escurrido, pero con una sonrisa pícara mientras lamía los restos de leche que le quedaban en los dedos y se los metía en la boca. Los matones, exhaustos pero satisfechos, se limpiaron las vergas en su pelo antes de irse, dejando a Juri con el vestido destrozado y el cuerpo marcado por sus huellas, pero con la mirada más caliente que nunca.