Compañera de cuarto se chupa la polla mientras lava ropa
El pantalón de él se le caía cada vez que ella se agachaba a doblar las camisetas mojadas de sudor después del gimnasio. Pasó semanas lanzándole miradas de reojo entre los cajones de ropa sucia, mordiéndose el labio inferior con esos dientes blancos que le hacían babear solo de pensarlo. Una tarde que el agua caliente le resbalaba por los pechos mientras enjabonaba los calcetines, escuchó el crujido de la puerta: era él, con esa verga gruesa asomándose por el bóxer, sudada y palpitante. Ella ni siquiera dejó que cerrara la puerta, se lanzó de rodillas sobre el húmedo piso de la lavandería, agarró su polla con las dos manos y se la metió entera en la boca sin avisar, sintiendo cómo el glande le golpeaba la garganta mientras los jugos de su coño ya le empapaban las bragas. Él gruñó como animal al sentir el primer achuchón de lengua en la raja, le agarró la cabeza con fuerza y la embistió sin piedad, sintiendo cómo los testículos le golpeaban la barbilla cada vez que se hundía hasta el fondo. Ella gemía con la boca llena, los ojos llorosos, los pechos rebotando contra la máquina de lavar mientras él le escupía en el culo para que entrara más fácil, resbaladiza y lista para recibirlo. La lavadora hacía tanto ruido que ahogaba los gritos de ella cuando la levantó del suelo, la sentó sobre la mesa de planchar con las piernas abiertas y se la clavó de una sola estocada, sintiendo cómo su coño estrecho se ajustaba a su tamaño como un guante apretado. Ella se agarró a los bordes de la mesa mientras él le metía la verga hasta los huevos, cada embestida le sacaba un chorro de jugos que le resbalaban por las nalgas y caían sobre el linóleo. El olor a ropa mojada y a sexo se mezclaba con los gemidos ahogados en su garganta cuando él le ordenó que se corriera antes de llenarle el coño con toda la leche caliente que llevaba acumulada. Ella obedeció mordiéndose el puño, el cuerpo convulsionando en espasmos mientras él le vaciaba los cojones sin piedad, pintándole las entrañas de blanco hasta que las bragas le quedaron pegadas al culo de lo mojada que estaba la tela.