Chica alta domina a militar con verga enorme y dura
Esa morena de metro ochenta se paseaba por el cuartel con esos tacones que le marcaban el culo prieto cada vez que giraba, y a él solo le bastó una mirada para que se le enderezara la verga como un poste. Sin perder tiempo la muy zorra se le acercó, se agachó y se llevó la polla bien gorda a la boca, chupando hasta ahogarse con cada embestida de esa lengua experta. Él le agarró la coleta y le empotró el tronco hasta la garganta, sintiendo cómo se le humedecía el coño al verlo tragar saliva y saliva sin soltar ni un gemido. Cuando por fin la soltó, el militar la empujó contra la pared y le arrancó el uniforme, dejando al descubierto esos melones pequeños pero bien firmes que botaban con cada movimiento. Ella, lejos de amedrentarse, le ordenó que se arrodillara y le lamiera el coño depilado mientras se ponía esos botines militares que le apretaban el tobillo. Con la polla bien dura y los huevos a punto de reventar, la muy perra se subió encima y empezó a cabalgarlo al revés, clavándole las uñas en el pecho mientras le gritaba que la empotrase más fuerte. Él, obediente como un perro, le agarró las caderas y le dio unos golpes secos que le hicieron saltar los pechos al ritmo de cada embestida, mientras ella se corría a chorros mojándole el coño y las piernas enteras. Al final, cuando ya no pudo más, le ordenó que se corriera dentro, y él, rendido, le llenó el coño de leche caliente hasta que se le escurrió por las piernas, dejando a la zorra satisfecha y jadeando con la polla aún dura dentro de ella.