Rusa de tetas naturales chupa polla como una bestia
Tenía esos melones duros y esos pezones rosados que se le marcaban bajo la blusa ajustada, y juro que desde el primer momento supe que esa rusa no iba a parar hasta dejarme seco. Al abrir la puerta del apartamento, la muy zorra se me tiró encima como una perra en celo, agarrándome la polla por encima del pantalón y masajeándola hasta que se me puso dura como un palo. Sin perder tiempo, se arrodilló en el suelo con esos labios carnosos y rojos, abriéndolos como un capullo para engullirme la cabeza gruesa con un gemido húmedo que me erizó la piel. Mientras su lengua juguetona lamía el glande palpitante, sus tetas naturales, grandes y pesadas, se balanceaban con cada movimiento, rozándome la cara cada vez que se acercaba más. La empujé contra la pared y le metí la polla hasta la garganta, sintiendo cómo se ahogaba pero sin soltarme ni un segundo, con los ojos llorosos de tanto esfuerzo. Ella se retorció de placer, los muslos pegajosos de tanto jugo, y cuando por fin sacó mi verga empapada en saliva, me suplicó con voz ronca que la empotrara contra el sofá. Le levanté la falda corta y le arranqué las bragas de encaje, dejando al descubierto ese coño depilado y chorreante que olía a sexo y a pecado. Con un empujón brutal, se la metí de una vez hasta el fondo, sintiendo cómo su útero se abría para recibirme mientras ella gritaba como una posesa, clavándome las uñas en los hombros. Sus tetas rebotaban al ritmo de mis embestidas, el sonido de carne contra carne llenando la habitación, y cuando por fin sentí que el semen hervía en mis huevos, le descargué dentro con un rugido, llenándole el coño hasta que se corrió conmigo, temblando como una hoja y gimiendo mi nombre con voz de puta satisfecha.