Terapia de pollón le hace gritar al musculoso Kyle
El tipo más guapo de la clínica llegó sudando con esa tableta de abdominales que le marcaba hasta el sudor mientras se quitaba la toalla de los hombros y dejaba ver cada vena de su enorme verga dura como piedra. Ella, la fisioterapeuta de manos expertas, no pudo evitar humedecerse el coño al verlo tan cachondo con ese culo prieto apretado en esos jeans ajustados que se le pegaban como una segunda piel. Sin pensarlo dos veces, él se dejó caer en la camilla de masajes y le ordenó con voz ronca que le chupara la polla bien lenta mientras le lamía el culo con la lengua, sintiendo cómo le temblaban las piernas de puro deseo al sentir esos labios carnosos envolviendo su tronco grueso como un anillo. Ella no se resistió ni un segundo más: se arrodilló entre sus piernas, le agarró los huevos bien tiesos y se los metió hasta la garganta mientras él gemía como un animal en celo, con esos gruñidos guturales que le salían de lo más hondo del pecho. Kyle, que nunca había probado el sexo sin protección, se corrió contra su lengua en menos de cinco minutos, pero ella no se conformó con eso: lo empujó contra la pared, le bajó los pantalones de un tirón y se lo empaló contra el espejo del consultorio, sintiendo cómo su coño empapado lo abrazaba con cada embestida brutal que le arrancaba gritos de puta caliente. El muy cabrón le suplicó que no se detuviera, que le metiera toda la polla hasta el fondo mientras le mordisqueaba los pezones duros como piedras, y ella, que ya estaba a punto de correrse, le escupió en el culo antes de clavárselo con fuerza hasta que él no pudo aguantar más y le soltó una leche espesa y caliente que le resbaló por la espalda mientras ambos se desplomaban jadeando sobre el suelo frío del baño. Los dos quedaron tan exhaustos que ni siquiera se dieron cuenta cuando la puerta del consultorio se abrió de golpe y entró la recepcionista, que se quedó paralizada al verlos enredados en un charco de sudor, semen y ropa tirada por todas partes, con las caras rojas de tanto gritar y gemir sin parar.