Roman Todd le da una lección cruda a su hijastro Jack Valor
—'¿Así quieres que te enseñe?'— le dije mientras le bajaba los pantalones a Jack Valor. Llevaba semanas provocándome con esos shorts ajustados, rozándose contra mí cada vez que pasaba, mandándome fotos de su culo apretado en el grupo familiar. Sabía que tarde o temprano iba a romperme, y esa tarde, con mi polla dura como una roca, decidí que ya era hora. Lo empujé contra la cama y le arranqué la ropa, dejando al descubierto su cuerpo joven y firme. Mi mano agarró su polla ya medio dura, sintiendo cómo se endurecía más bajo mi toque. —'Te gusta que te toque, ¿verdad, putita?'— le susurré al oído mientras mordisqueaba su lóbulo. Su respiración se aceleró, y supe que estaba listo para lo que venía. Lo puse de rodillas y le metí mi verga hasta las pelotas, sintiendo cómo su garganta se ajustaba a mi grosor. Escuché sus gemidos ahogados mientras lo follaba la boca sin piedad, mis bolas golpeando su barbilla cada vez que me hundía. Cuando lo tuve bien mojado, lo giré y lo puse a cuatro patas, separando sus nalgas para ver su agujero virgen. No perdí tiempo en lubricarlo, escupiendo sobre su culo antes de clavarme de una estocada, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba bajo el impacto. —'¡Joder, papá!'— gritó, pero no me detuve. Lo embestí con fuerza, sintiendo cómo su culo se adaptaba a mi tamaño, cada empujón más profundo que el anterior. Sus manos se aferraron a las sábanas mientras lo penetraba, sus gemidos llenando la habitación. No me importó si alguien nos escuchaba, solo quería correrme dentro de él, marcarlo como mío. Cuando sentí que estaba cerca, lo saqué y lo hice montarme, viendo cómo su culo se tragaba mi polla con cada movimiento. Sus músculos se contrajeron alrededor de mí, llevándome al límite. Con un gruñido, me vine dentro de él, llenándolo hasta que mi leche goteó por sus muslos. Y la próxima vez, Jack, te haré tragarlo todo.