Camilo Gutierrez, el padrastro, me folló en la cocina de su esposa
Lo vi por primera vez cuando me agaché a recoger el plato que se me cayó, y ahí estaba: su polla grande, dura, apuntando hacia mí como si supiera que llevaba meses imaginando cómo sería tenerla dentro. El muy cabrón se acercó sigiloso, metió la mano bajo mi falda y palpó mi coño ya mojado antes de empujarme contra la encimera. Era el padrastro de mi madrastra, pero en ese momento solo importaba que su verga negra me partía en dos, enterrándose hasta que mis gemidos resonaron en la cocina vacía. Él sabía que estaba mal, que si su esposa nos descubría nos mataría, pero eso solo lo hacía agarrarme más fuerte, clavándome cada vez más rápido, más profundo, hasta que el crujido de mis caderas contra las suyas era lo único que se escuchaba. Darcy Orduz, mi madrastra, estaba arriba durmiendo, y mientras Camilo me empalaba sin control, el pensamiento de que podía bajar en cualquier momento me encendía aún más. Sus manos me apretaban las nalgas, abriéndome para que su polla entrara más fácil, y cuando al fin se corrió, fue con un gruñido ronco que me dejó temblando, con su leche espesa goteando por mis muslos. La próxima vez, si vuelve a tocarme, no voy a dejar que se detenga.