Esposa bangladesí no aguanta más y folla a su marido
La profesora de secundaria llevaba meses aguantando las ganas cada vez que su marido llegaba con ese olor a sudor limpio que le ponía el coño como una sopa. Esa tarde, después de que él le robara el último trago de café del termo en la cocina, ya no pudo más: lo empujó contra la encimera, le arrancó los calzoncillos con los dientes y se los metió hasta la garganta sin avisar. Él gruñó como un animal cuando notó su lengua caliente recorriéndole el tronco de la polla hasta los huevos, que ya le pesaban llenos de leche lista para soltar. Ella gemía con los labios alrededor de su glande, chupando con fuerza mientras las tetas le rebotaban contra el vientre sudado, y él no pudo resistirse: la agarró de las caderas y la volteó como si no pesara nada, hundiéndola contra el mármol frío del fregadero. El vestido de algodón se le subió hasta la cintura dejando al descubierto un culo redondo y prieto que él azotó con la palma abierta antes de clavarle la verga hasta el fondo, haciendo que sus tetas naturales botaran como dos melones maduros. Ella chilló cuando la primera embestida le llegó hasta el útero, con los muslos temblorosos y el coño empapado en jugos que ya le resbalaban por los muslos. Él la empotró sin piedad, cada golpe seco resonando en la cocina mientras sus pelotas le golpeaban el clítoris hinchado, y ella solo atinaba a suplicar más fuerte entre gemidos roncos. Cuando sintió que la corrida le subía por la columna como lava, él la sacó de golpe, le dio la vuelta y se la clavó de nuevo, esta vez de pie contra la nevera, con su aliento caliente en la nuca mientras le mordisqueaba el cuello sudado. Ella se corrió gritando su nombre, con la leche del marido saliéndole por la comisura de los labios y su propia corrida resbalándole entre las piernas hasta mancharle las medias de encaje. Al terminar, ella jadeaba con la espalda pegada a su pecho, sintiendo cómo su verga seguía dura dentro mientras le susurraba al oído que no era la primera vez que se dejaba llevar así... y que seguro no sería la última.