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La compañera de cuarto me empotró sin avisar

11:05 720P 4 Familia Pervertida
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Estúdio Kevin's life

La puerta del cuarto estaba entreabierta y ella entró como si fuera lo más normal, con esa mirada de puta que no se aguanta las ganas de joder. Al verla ahí, con esos pechos pequeños pero bien firmes y ese coño rosadito que no paraba de gotear, se me secó la boca del deseo. Me tiré sobre la cama y le dije que no cerrara la puerta, que así me la podía empotrar hasta dejarme sin aliento. Ella se subió encima de mí con una sonrisa perversa y me agarró la polla dura como si fuera su juguete favorito, frotando su raja mojada contra mi tronco hasta que no aguanté más. Entonces me la clavó de golpe, con ese culo prieto que rebotaba cada vez que me embestía, y los gemidos se le escapaban entrecortados mientras me pedía que no parara. Yo le agarraba las tetas chiquitas y se las apretaba hasta que los pezones se le pusieron duros como piedras, mientras ella me cabalgaba con esa pasión salvaje que solo tienen las zorras que no piensan en nada más que en que les llenen el coño hasta reventar. Cada embestida era más profunda, más brutal, y el sonido de sus caderas chocando contra mi pubis resonaba en toda la casa. Sentí cómo su coño se contraía alrededor de mi verga y supe que no aguantaría ni un minuto más, así que la agarré de la cintura y la empalé contra el colchón mientras yo me corría dentro de ella con un gruñido animal, llenándole el coño hasta que la leche se le escurría por las piernas. Ella se dejó caer sobre mi pecho, jadeando y con la respiración entrecortada, mientras sus jugos mezclados con mi corrida le empapaban el culo y las sábanas. No hubo tiempo para arrepentimientos, porque al minuto ya me estaba susurrando al oído que quería más, que no se conformaba con uno solo. Y yo, con la polla aún dura y el sabor de su coño en la lengua, no pude hacer otra cosa que agarrarla de los pelos y volverla a tumbar para follármela como Dios manda.

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