Profesora caliente se deja empotrar en el baño
La profesora llevaba días mordiéndose el labio cada vez que el alumno le miraba el culo apretado bajo la falda ajustada. Hoy, en el baño de la universidad, no pudo resistirse cuando él le susurró al oído que quería probar cómo sabía su coño mojado. Sin pensarlo dos veces, se subió la falda hasta la cintura, se bajó las bragas de encaje negro y se apoyó contra el lavabo, arqueando la espalda para ofrecerle ese culo redondo y prieto que tanto anhelaba. Él no perdió ni un segundo: le agarró las caderas con fuerza, le clavó la polla dura hasta el fondo y empezó a empotrarla sin piedad mientras ella gemía como una perra en celo, con los pechos rebotando contra el espejo empañado. Cada embestida le sacaba un gritito ahogado, mezclando el sonido del agua corriendo con los chasquidos de su carne golpeándose una contra otra. La profesora se mordía los labios para no gritar, pero cuando él le metió un dedo en el coño mientras le follaba el culo, soltó un aullido que resonó en todo el pasillo. Él no se detuvo ni un segundo, aumentando el ritmo hasta que ella se corrió con espasmos que le sacudieron todo el cuerpo, empapándole las piernas de leche espesa mientras él seguía embistiéndola sin compasión. Cuando por fin eyaculó dentro, lo hizo con un gruñido animal, llenándola de calor mientras ella se dejaba caer contra su pecho, jadeando y con las piernas temblorosas. El baño quedó impregnado con el olor a sexo, sudor y crema de sus cuerpos entrelazados, y ella supo que esa no sería la última vez que se dejara empotrar como una zorra en celo por aquel alumno que tanto la ponía.