Reto de pollas: reina vs abuela quien gana
La reina Vusi, con sus tetas gigantes y ese culo que no para de rebotar, se arrodilló frente a la abuela Roxy con la lengua afuera, ansiosa por probar esa verga monstruosa que le colgaba como un tronco entre las piernas de la viejita. No le importó que le babeara toda la polla con esos labios carnosos mientras la abuela le agarraba de los pelos y le empujaba la cabeza contra su entrepierna empapada, gritando ‘¡chúpamela bien, zorra!’. Vusi no se hizo rogar: se la metió hasta la garganta, sintiendo cómo el glande le rozaba el fondo de la boca mientras la abuela le retorcía los pezones gordos con las uñas pintadas de rojo. En segundos, el coño de Roxy estaba chorreando, empapando el sofá de un líquido espeso que olía a sexo y a viejas lujuriosas, mientras su culo gordo se sacudía sin control. ‘¡Empotrame, perra!’, le ordenó la abuela, y Vusi, sin pensarlo dos veces, se puso en cuatro patas con ese culo firme y respingón, esperando el primer azote de esa verga que prometía partirla en dos. La primera embestida fue brutal: la polla enorme le abrió el coño de un solo golpe, haciendo que Vusi soltara un gemido que resonó en toda la casa mientras sus tetas gigantes se sacudían como gelatina al ritmo de los golpes. La abuela no perdonó ni un centímetro: le agarraba de las caderas y la embestía con saña, dejando marcas rojas en ese culo prieto que no dejaba de botar. El sonido de carne contra carne llenaba el aire mezclado con los gritos de ambas, el olor a sexo y sudor se volvía irresistible, y Vusi, con los ojos en blanco, sintió cómo el orgasmo le recorría la espalda como un rayo mientras su coño se contraía alrededor de esa verga que la estaba destrozando por dentro. ‘¡Me corro, joder!’, chilló, y la abuela, con una sonrisa perversa, le dio un último empujón que la dejó temblando, con los muslos temblorosos y un reguero de leche goteando por sus piernas. La viejita, lejos de acabarse, se limpió los restos de corrida de la cara y le escupió en la boca antes de ordenarle que se la chupara otra vez, porque ‘esto no ha hecho más que empezar, mi amor’.