Pillo al novio de mi hijastra follando entre los dos
El muy cabrón se creía que podía follar a mi hijastra sin que yo me enterara, pero los escuché gemir como putas en celo desde el pasillo. La muy zorra ya tenía el coño chorreando cuando la agarré del pelo y le metí la polla hasta el fondo de la garganta para callarla, sintiendo cómo se ahogaba con mi verga mientras su novio se reía como un cerdo. Ella, con esos labios carnosos y esos tetones enormes que le rebotan al caminar, se dejó hacer sin protestar, solo jadeando como una perra en celo mientras le lamía el cuello a su amante con esa lengua que parecía de serpiente. Yo, con la verga dura como un bastón, la empalé contra la pared y le metí los dedos en el coño empapado para que supiera que ahora era mía, mientras el novio se masturbaba como un obseso viendo cómo su chica se retorcía de placer. Le arranqué el vestido de un tirón y le dejé los pechos al aire, esos pezones duros como piedras que no paraban de moverse cada vez que el cabrón de su novio se la clavaba por detrás, haciendo que el culo le temblaran como gelatina. La muy putona gritaba que no podía más, pero sus muslos sudados y ese coño que se contraía como una boca hambrienta decían todo lo contrario, así que la tiré al sofá y le exigí que me chupara la polla mientras su novio le comía el culo a lametones, lamiéndole el agujero como si fuera un helado derretido. Ella, entre gemidos y babas, se dejó llevar por el placer y terminó corriéndose sobre la cara del novio, con su leche escurriéndosele por las piernas mientras yo le metía la polla hasta la garganta una y otra vez, sintiendo cómo su garganta se cerraba como un puño alrededor de mi verga. El cabrón de su novio no pudo aguantar más y se corrió dentro de ella con un rugido animal, pero yo no había terminado: le di la vuelta a la muy zorra y le metí la polla por el culo hasta que le vi los ojos llorosos y la boca abierta en un grito mudo, mientras sus tetas grandes rebotaban como dos sacos de arena bajo cada embestida. Al final, los dos quedamos tirados en el suelo, sudados y exhaustos, con el coño de ella goteando y mi polla aún dura como una roca, lista para más si la muy puta se atrevía a pedirlo.