Rubia de ojos azules se deja empotrar con polla dura
Esa zorra de ojos azules llevaba el vestido ajustado que le marcaba cada curva como si quisiera torturar a cualquiera que la viera pasar, y él no pudo resistirse cuando la vio chupándose los labios mientras lo miraba de arriba abajo con esa sonrisa de puta que sabe que va a acabar empalada. Sin pensarlo dos veces le agarró el pelo y le metió la polla hasta el fondo de la garganta mientras ella gemía con los morros bien abiertos, sintiendo cómo se le escurría la saliva por la barbilla al intentar tragársela toda. Pero no se conformó con eso, la levantó en peso y la tiró sobre la cama con ese culo redondo y prieto que parecía hecho para que le metieran hasta las pelotas, así que le levantó el vestido y le arrancó las bragas de un tirón para dejar al descubierto ese coño depilado y ya bien mojado que olía a sexo puro. Le abrió las piernas de golpe y se la clavó de una sola embestida hasta el fondo, haciendo que ella gritara como una perra en celo mientras sus tetazas gigantes rebotaban con cada empujón brutal que le daba, sintiendo cómo el cabrón le llenaba el coño a base de polvazos profundos que le hacían perder el aliento. La muy guarra se agarraba a las sábanas con fuerza mientras él le machacaba el culo a ritmos imposibles, cada vez más duro, más rápido, hasta que ella no pudo aguantar más y se corrió gritando su nombre con la boca llena de babas y sudor, mientras él seguía empotrándola sin piedad hasta que por fin se descargó dentro de ella con un gruñido animal, dejando el coño de la rubia bien lleno de leche caliente que se le escurría por las piernas al levantarse.