Mamacita asiática chupa polla bien dura en casa
Llevaba días mirando cómo se le marcaba el bulto en el pantalón cada vez que pasaba frente a su ventana, así que decidió que era hora de actuar. Con un susurro le dijo al oído que si no se dejaba chupar esa verga enorme que se le notaba tanto, le iba a poner los cuernos con el primero que pasara. Él, sin pensarlo dos veces, se bajó la cremallera y sacó esa polla gruesa y palpitante que le hacía babear solo de verla. Ella se arrodilló en el suelo de la sala, le agarró el tronco con las dos manos y se lo llevó a la boca sin perder un segundo, sintiendo cómo le latía contra la lengua. Mientras le chupaba la punta, él le agarró la coleta y le empujó la cabeza para que se lo tragara entero, hasta que le rozó la campanilla. Gemidos ahogados salían de su garganta mientras le lamía las bolas, chupándoselas con fuerza hasta que él le ordenó que se levantara y le enseñara esas tetas naturales que tanto le gustaban. Se las apretó contra su pecho, le mordisqueó los pezones y luego la empujó contra el sofá, donde le abrió las piernas de un tirón para enterrarle la polla hasta el fondo. Cada embestida le hacía gritar como una puta descontrolada, con el coño empapado y los muslos temblando por el placer. Cuando sintió que él estaba a punto de correrse, se lo sacó rápido, se lo masturbó con las dos manos y se lo tragó entero, tragándose su leche caliente mientras le agarraba el culo para que no se le escapara ni una gota. Quedó tan satisfecha que le dio un cachete en el muslo y le dijo que la próxima vez quería que se lo hiciera por el culo, bien duro y sin piedad.