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Pija pelirroja empalada por vecino obsesivo

6:14 720P 2 Sexys
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Estúdio Canadianslutz

La pelirroja flaquita llevaba meses dejándose ver en la ventana de su baño sin ropa interior, meneándose frente al cristal con los pechos al aire y el coño bien mojado solo para que él la viera. Él, el vecino de al lado, llevaba semanas fantaseando con clavársela hasta dejarla sin aliento, así que una tarde de lluvia, cuando la vio salir con una toalla húmeda que apenas le tapaba las tetas, no pudo resistirse y se coló por la puerta trasera que ella misma dejó entreabierta. Sin mediar palabra, la empujó contra la pared del pasillo y le arrancó el tanga de un tirón mientras ella jadeaba y se agarraba a la repisa con las uñas pintadas de negro, ofreciéndole el culo bien prieto para que se lo follara sin piedad. Él escupió en su mano y se la pasó por el agujero, luego se abrió el pantalón de un tirón y sacó la polla dura como un fierro, gruesa y palpitante, lista para partirla en dos. La pelirroja gimió como una puta en celo cuando la punta se le clavó en el culo sin piedad, sintiendo como la carne cedía bajo el peso de sus embestidas brutales que le dejaban el coño goteando de lo mojado que estaba. Él la empaló contra la pared del recibidor, con las piernas temblando y los gemidos ahogados en un trapo que se metió ella misma en la boca para no gritar como la zorra que era, mientras él le metía los dedos en la boca para que se los chupara con fuerza mientras le destrozaba el culo a golpes de cadera. Cada embestida le sacudía el cuerpo de arriba abajo, haciendo que sus tetas flaquitas rebotaran al ritmo de los empujones brutales, y el sonido húmedo de la carne chocando contra carne llenaba el pequeño apartamento junto con los gruñidos animales y los gemidos ahogados. Cuando él sintió que se le venía la corrida, la sacó de golpe y le llenó la espalda de leche espesa, pero antes de que pudiera reaccionar, la agarró del pelo y la obligó a arrodillarse frente a su polla empapada de sudor y leche, ordenándole que se la chupara bien mientras él se corría en su boca entre gritos de placer animal. La pelirroja no opuso resistencia, tragándose hasta la última gota mientras los restos del semen le resbalaban por la barbilla y el cuello, satisfecha de haber sido usada como la puta que siempre supo que era.

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