Instructora de yoga se deja empotrar salvajemente en clase
La rubia de curvas explosivas llegó puntual a la sesión de yoga con unas mallas tan ajustadas que se le marcaban hasta las bragas mojadas. En cuanto se puso de rodillas para estirar esa espalda de diosa, él no pudo evitar clavarle la mirada en ese culo prieto que se le escapaba bajo el tejido elástico. Con los pezones marcándosele contra la tela, la puta no tardó en gemir cuando él se acercó por detrás y le susurró al oído lo que le iba a hacer con esa polla gorda que le apretaba los pantalones. Sin perder tiempo, la arrastró tras una cortina donde la empujó contra la pared y le arrancó las mallas de un tirón para dejar al descubierto un coño depilado y brillante que ya goteaba como un grifo abierto. Ella se dejó caer sobre las manos con las piernas temblorosas, ofreciéndole ese culo redondo y palpitante que pedía a gritos ser empalado sin piedad. Él no necesitó más invitación: con una mano en su cadera y la otra sujetándole el pelo, se clavó hasta el fondo en ese agujero estrecho mientras ella chillaba de placer y le pedía más fuerte. Las embestidas eran brutales, la polla entraba y salía empapada en jugos espesos que le resbalaban por los muslos, y cada golpe seco hacía que su coño se contrajera como una tenaza alrededor de esa verga monstruosa. Entre jadeos y maldiciones, ella se corrió primero chorreando leche por las piernas, pero él no aflojó ni un segundo, seguía metiendo y sacando con furia hasta que él mismo estalló dentro con un gruñido animal, llenándole el útero de semen caliente mientras ella se retorcía bajo su peso. Cuando por fin la soltó, la rubia quedó hecha un guiñapo en el suelo, con las piernas abiertas mostrando el desastre entre sus muslos: coño desbordado, mallas rotas y los labios hinchados de tanto follar. Pero lo mejor fue que al día siguiente, la muy zorra apareció otra vez en clase con las mismas mallas ajustadas... solo que esta vez sin bragas.