Puta cachonda hace paja guiada en cámara ardiente
La morena se mordía el labio rojo mientras ajustaba la luz de la webcam para que se le vieran bien las tetas grandes y los pezones duros como piedras. Con una sonrisa de mala puta, se agarró la polla gorda del chico y empezó a pajearla lenta al principio, sintiendo cómo se le humedecía el coño solo de oírlo gemir por el micro. Cada vez que le daba un tirón más fuerte, él se retorcía en el asiento y le suplicaba que no parara, que quería verla correrse mientras se la trabajaba con la mano. Ella le escupió un poco en la punta y se rio cuando vio cómo se le movían los huevos al ritmo de sus movimientos, ya empapados de líquido preseminal. La cámara captó cada gota de sudor que le caía por la espalda mientras se la meneaba con más fuerza, apretando los muslos para que no se le escapara ni un gemido. Unas gotas de leche le resbalaban por los dedos cuando aumentó el ritmo, y él no pudo aguantar más: le pidió que siguiera hasta que se corriera encima de su cara, que quería sentir el sabor espeso en la lengua. La morena no lo dudó ni un segundo: se inclinó sobre la pantalla, le abrió bien la boca y se la metió hasta la garganta, sintiendo cómo le golpeaba la campanilla con cada embestida que le daba al fondo. El sonido de los golpes húmedos de su mano mezclado con los gemidos ahogados de él era música para sus oídos, y no tardó en notar cómo el calor le subía por las piernas hasta explotarle en el coño, dejándola temblando mientras seguía pajando sin piedad hasta que él no pudo más y le llenó la boca de leche caliente. Después de tragar hasta la última gota, se limpió los restos de los labios con el dorso de la mano y le guiñó un ojo a la cámara, sabiendo que los tíos no iban a poder sacarse esa imagen de la cabeza en semanas.