Chiquita latina de 18 años culo abierto a verga gruesa
Ella llegó a la audición con sus gafas torcidas y ese cuerpo menudo que prometía locuras, pero cuando la vi con el tanga mojado pegado al coño y los pechos pequeños apretados bajo la blusa, supe que esta morenita de 18 años no sería solo otra amateur cualquiera. Le ordené que se quitara las gafas y se arrodillara en el suelo del estudio mientras yo me sacaba la polla ya dura, gruesa como un brazo y con las venas marcadas que palpitaban al ritmo de mis ganas. La muy puta gimió cuando le pasé el glande por los labios húmedos, pidiéndome a gritos que la empalara, pero yo quería disfrutar cada centímetro de su culo prieto antes de romperla por completo. Con saliva en los dedos le abrí el ano poco a poco mientras ella se agarraba a la silla de madera, los muslos temblorosos y el aliento entrecortado, suplicando en español que no la hiciera sufrir. La primera embestida fue brutal: su carne se abrió como mantequilla derretida al sentir esa verga monstruosa hundiéndose hasta las pelotas, y el sonido de sus gritos se mezcló con el chapoteo de sus fluidos escapando por el coño bien apretado. En missionary la tenía contra el suelo, con sus piernas delgadas enredadas en mi cintura y ese culito redondo recibiendo cada envestida con un pop húmedo que me ponía más borracho de lujuria. Cada vez que la embestía fuerte, su espalda se arqueaba y sus tetas pequeñas rebotaban al ritmo de mis golpes, mientras sus gemidos agudos llenaban el cuarto y su coño chorreaba como si llevara horas sin parar de correrse. Yo quería sentirla temblar, así que le agarré el pelo y le metí hasta el fondo con cada empujón, hasta que sus nalgas se pusieron rosadas y sus gritos se volvieron ininteligibles entre sollozos y jadeos. Cuando por fin sentí que su cuerpo se tensaba como una cuerda a punto de reventar, le saqué la polla de golpe y le escupí en el culo antes de volver a empalarla con un solo movimiento, esta vez sin piedad. Ella se corrió gritando mi nombre, su coño apretando mi verga como un puño mientras su culo se abría para tragarme entero, y yo no pude resistirme más: con un rugido profundo me vacié dentro de ella hasta que las pelotas se me quedaron vacías y su trasero quedó completamente empapado de semen y sudor. Cuando terminamos, ella quedó tirada en el suelo, con las piernas abiertas y el coño goteando, mientras yo me limpiaba la polla con su blusa arrugada. No hay nada más excitante que una chiquita latina de 18 años con gafas y un cuerpo de diosa, pero que se deja romper el culo como la puta que es.