Amy Brooke y Sheena Shaw folladas por el culo en trio salvaje
Amy Brooke llegó con ese culito prieto que tanto me vuelve loco y Sheena Shaw no se quedó atrás con sus curvas de infarto. La morena se arrodilló primero y se puso a lamerle el coño a su amiga hasta que esta empezó a gemir como una perra en celo, con los muslos temblorosos y la miel resbalando por sus piernas. Yo no pude resistirme y saqué la polla bien dura para que ambas la vieran brillar bajo la luz de la habitación, gruesa y con las venas marcadas que palpitaban con cada respiración. Sheena, sin pensarlo dos veces, se agachó y se tragó toda la cabeza hasta que los huevos le rozaron la barbilla, ahogándose un poco mientras le escupía saliva por las comisuras. Amy, mientras tanto, se puso de espaldas contra la pared y se abrió las nalgas con las manos para mostrar ese culo apretado que tanto me excita, pidiendo a gritos que la empotre sin piedad. La primera embestida le arrancó un aullido que resonó por todo el apartamento, sus tetas rebotando con cada golpe mientras el sudor le corría por la espalda. Sheena, con los labios marcados por el tamaño de mi verga, se acercó por detrás y empezó a lamerle el coño a su amiga mientras yo le metía los dedos en el culo, estirando ese agujero virgen pero ansioso por más. Cuando por fin metí toda la polla de un tirón, Amy gritó como si se le partiera el alma, pero en segundos su coño se empapó y comenzó a correrse en chorros que le resbalaban por los muslos. Sheena, con los ojos inyectados en lujuria, se puso a cuatro patas y le pidió que le metiera la polla hasta el fondo, su culo blanco temblando al sentir cómo la cabeza le rozaba el útero con cada embestida brutal. Los gemidos se mezclaban con los sonidos húmedos de los cuerpos chocando, los olores a sexo inundando el aire mientras las dos putas se corrían una encima de la otra, sus fluidos mezclándose en el suelo. Cuando por fin eyaculé dentro de Amy, el chorro le llegó directo al útero, haciendo que se retorciera de placer mientras Sheena se tragaba hasta la última gota que le escupí en la boca, limpiando toda la leche que se le había derramado por la cara.