Frente a la gasolinera le meto la polla al culo de la cajera
La cajera llevaba días revolviendo el coño cada vez que él se acercaba al mostrador con esa camisa ajustada que le marcaba los pezones, pero hoy no pudo resistirse cuando él le agarró el pelo y le susurró al oído que quería ver cómo le entraba toda su verga por ese culo bien apretado que llevaba horas imaginando. Sin pensarlo dos veces, la muy putita se quitó el delantal, se subió la falda hasta la cintura y se inclinó sobre el mostrador de la gasolinera, dejando que sus tetas naturales rebotaran libres bajo el sostén que apenas las contenía. Él no perdió tiempo, escupió en la mano para lubricar su gruesa polla y con un empujón brutal la clavó hasta el fondo, haciendo que ella gritara como una loca mientras sus muslos se humedecían de sudor y los gemidos se le escapaban entre los dientes apretados. Cada embestida le sacudía el cuerpo entero, los cachetes de ese culo perfecto se abrían y cerraban con cada golpe, dejando escapar gotas de su corrida anterior que ya resbalaban por el interior de sus muslos. Ella no paraba de mover la cadera, empujando hacia atrás para que le metiera más profundo, mientras él le agarraba las tetas con fuerza, apretando los pezones entre sus dedos hasta que ella no pudo aguantar más y comenzó a correrse gritando que no se detuviera. Él aceleró el ritmo, hundiendo la polla hasta las bolas en ese agujero bien usado que ya goteaba, y cuando sintió que ella se contraía alrededor de su verga, se dejó ir con un gruñido animal, llenándole el culo de leche espesa mientras sus caderas se pegaban a su cuerpo como si fueran una sola carne. Al terminar, ella se quedó jadeando sobre el mostrador, con la cara pegada a la superficie fría, el coño mojado de excitación y el culo bien abierto mostrando el destrozo que le había dejado su enorme verga, que aún le goteaba por el agujerito destrozado.