Italiano empotra a casada brasileña de culo prieto
El italiano llevaba meses sin follar un coño brasileño, pero al verla en la playa con ese culo redondo y prieto supo que no podía salir de Brasil sin probarlo. Ella, una morena explosiva con tetas que rebotaban cada vez que caminaba, le lanzó una mirada de 'vamos a mi casa' mientras se ajustaba el bikini. En cuanto cerró la puerta, él la empujó contra la pared, le arrancó el tanga de un tirón y le escupió en el culo para lubricarlo, gruñendo que ese agujero iba a sufrir. La brasileña gimió como puta en celo al sentir su polla monstruosa rozando su entrada, gorda y venosa, preparada para destrozarle el esfínter sin piedad. Él la agarró del pelo, la dobló como un trapo y se la clavó de golpe hasta los huevos mientras ella chillaba que no aguanta más, que le rompe el culo, pero su coño seguía empapado chorreando por los muslos. Cada embestida sonaba como un latigazo húmedo, el sonido del choque de carne contra carne mezclado con los gritos ahogados de ella pidiendo más, más fuerte, que la empotre hasta dejarla sin sentido. Él le metió los dedos en la boca para que los chupara mientras le metía la polla hasta la garganta, sintiendo cómo su lengua jugaba con el glande antes de que la sacara para escupirle en el culo otra vez, resbaladiza y lista. La brasileña, con las piernas temblorosas, se dejó caer de rodillas sobre la alfombra persa, agarró ese tronco palpitante con ambas manos y se lo metió entero en la boca, tragando hasta que le tocó la campanilla mientras él le agarraba la nuca y se la follaba la boca sin piedad. Los gemidos de ella eran música para sus oídos, pero él quería más: la levantó del suelo como si pesara nada, la tiró sobre la cama boca abajo y se la empaló de nuevo, esta vez con las piernas en alto para que el culo le quedara al descubierto, abierto y palpitante como un coño. Cada estocada le hacía gritar de dolor mezclado con placer, porque aunque le dolía como el infierno, su coño seguía goteando como una fuente mientras él la destrozaba por detrás. Cuando notó que ella empezaba a temblar y a soltar chorros de jugos por el muslo, supo que se corría: le sacó la polla de golpe, la volteó boca arriba y se la metió hasta el fondo sin avisar, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de su verga en espasmos salvajes mientras ella se corría a gritos, empapando las sábanas de leche caliente. Él no aguantó más y se dejó ir, descargando toda su leche espesa y caliente en su interior, llenándola hasta que empezó a gotearle por las piernas, una escena que los dejó a los dos jadeando, sudorosos y satisfechos, con el italiano sonriendo mientras le lamía el sudor del cuello y ella susurraba que la próxima vez la follaría por la boca hasta ahogarse.