Alison dulce se deja empotrar dos pollas negras anal brutal
Desde que llegó al local, ese culito prieto y respingón de Alison no podía dejar de moverse ni un segundo, llamando la atención de todos los negros que pasaban por ahí con sus miradas hambrientas. El primero en acercarse fue Marcus, dueño de una verga gruesa y oscura que le dejó el coño goteando antes de siquiera rozarla, pero ella solo quería más, mucho más. Con un vestido ajustado que apenas cubría sus nalgas redondas, se agachó sobre la mesa del bar para ofrecerle el culo, gimiendo cuando sintió el glande grueso y venoso rozándole el agujero apretado que tanto deseaba. Marcus no perdió tiempo y, sin avisar, le clavó hasta los huevos con un empellón brutal, haciendo que sus tetas pequeñas rebotaran al ritmo de cada embestida mientras ella chillaba de placer entre mordiscos al borde de la mesa. No había tiempo para respirar porque el segundo negro, Darius, ya le tenía la polla en la boca, gruesa y caliente, obligándola a tragársela entera mientras le apretaban los pezones entre sus dedos callosos. Entre gemidos ahogados y babas corriéndole por la barbilla, Alison sintió cómo el primer negro le llenaba el culo hasta el fondo, estirando su entrada con cada envestida hasta dejarla abierta y rogando por más. Darius, sin piedad, le agarró la coleta y le tiró la cabeza atrás para escupirle chorros espesos de leche caliente por toda la cara, cubriéndole los labios, la nariz e incluso los ojos, mientras ella se corría con espasmos que le sacudían las piernas. Marcus, lejos de acabarse, le dio la vuelta como si fuera una muñeca, apoyándole las piernas sobre sus hombros para hundirse hasta la raíz en ese culito que ya chorreaba jugos del placer, sintiendo cada contracción interna que le arrancaba gruñidos de satisfacción. Los dos negros se turnaban sin descanso, uno follándole el culo mientras el otro le embestía la garganta o le untaba la leche por el cuerpo sudoroso, dejando marcas blancas sobre su piel morena que brillaban bajo las luces del local. Cuando por fin Marcus se corrió dentro de ella, descargando litros de semen espeso que le resbalaban por las piernas, Darius aprovechó para darle la vuelta y empalmarle el culito otra vez, esta vez con su verga mojada por los restos de leche que le quedaban en la boca. Alison, exhausta pero hambrienta de más, les suplicó que no pararan, que le llenaran cada agujero hasta reventar, mientras sus gemidos se mezclaban con los sonidos húmedos de pollas entrando y saliendo sin piedad de su cuerpo destrozado por el placer.