Anita se empotra duro por el culo fino y delgado
Ella no medía ni un metro cincuenta pero su culito prieto y estrecho le cabía a él como un guante, así que después de verla mover ese cuerpito frágil en el campus con su short ajustado, no pudo resistirse. La siguió hasta el baño de la facultad, donde la atrapó contra el lavabo mientras le susurraba al oído lo rica que estaba con esa carita de ángel y ese culo que parecía hecho para ser usado. Anita, que solo pesaba treinta y nueve kilos, gimió fuerte cuando él le levantó la falda y le bajó las bragas de encaje, dejando al descubierto un coño tan mojado que ya le chorreaba entre los muslos. Con una mano le apretó los pechos pequeños y duros como frutitas maduras mientras con la otra le separaba las nalgas para probar ese ojete prieto que tanto le volvía loco. La primera embestida la dejó sin aire, pero ella se arqueó hacia atrás clavando las uñas en la porcelana del lavabo, pidiendo más con un gemido que le salió desde lo más profundo del pecho. Él no perdió tiempo y la empotró contra la pared con fuerza, sintiendo cómo ese culito diminuto se abría para recibir cada centímetro de su verga gruesa, que le llegaba hasta el fondo sin piedad. Los gritos de Anita resonaban en el baño mientras él le agarraba de la cintura para clavársela aún más hondo, sintiendo cómo su cuerpito flaquito temblaba con cada embestida. Ella, entre sollozos y juramentos, le pidió que no se detuviera, que la llenara por completo, y él, con una sonrisa perversa, le soltó un cachetazo en el culo que le dejó la marca de sus dedos marcados en la piel pálida. La polla le latía dentro de ese culo apretadísimo mientras le susurraba que era una putita buena por aguantar tanto castigo, y ella solo atinó a gemir más fuerte cuando sintió cómo el semen caliente le brotaba por la garganta al correrse él dentro de su boca entreabierta. Anita se quedó ahí, jadeante y con las piernas temblorosas, sabiendo que ese recuerdo la acompañaría cada vez que pasara frente a ese baño, porque hoy había aprendido que hasta los cuerpos más frágiles pueden ser destrozados de placer.