La prima ardiente le mete la polla al primo por el culo
La esposa recién casada llevaba días mordiéndose los labios cada vez que su primo pasaba por la casa con esa sonrisa pícara y ese bulto en los pantalones que no podía ignorar. Aquella tarde de domingo, mientras el marido estaba fuera arreglando el coche, él se coló por la puerta trasera con un carrito de herramientas falso y esa mirada que le decía todo sin necesidad de palabras. Sin tiempo que perder, la muy puta se arrodilló en el suelo de la cocina con el culo bien alto, empapando su tanga nuevo en segundos mientras le lamía el glande con esos labios carnosos que tanto le gustaban. Él no perdió ni un segundo en clavarle la polla hasta el fondo, gritando como una perra en celo cuando notó cómo su culo virgen se estremecía con cada embestida brutal, el sonido de los azotes retumbando contra las paredes mientras le ordenaba que no parara. La muy cerda se dejó hacer de todo, desde que le chupara los huevos hasta que la empotró contra la mesa del comedor, donde le metió los dedos en el coño mojado mientras le susurraba al oído lo putita que era por dejar que su primo le destrozara el culo sin piedad. Entre jadeos y gemidos ahogados, él le dio la vuelta y la folló a cuatro patas sobre el sofá, agarrándole las tetas pequeñas pero duras para empalarla hasta que le salieran moretones en las caderas, el olor a sexo y sudor llenando la casa mientras ella se corría gimiendo como una loca. La cosa no terminó ahí, porque después de sacársela del culo y limpiarse la leche que le goteaba por las piernas, la muy zorra se la tragó entera hasta que le salió por la nariz, con los ojos llorosos pero sin dejar de mamársela como si fuera su último bocado. Y cuando al fin se corrió entre sus piernas, él le escupió en la cara diciendo que eso era solo un aperitivo de lo que le esperaba cuando su marido descubriera la traición, dejándola con el coño chorreando y el culo bien abierto para la próxima.