Anal brutal de Lyna Jade por doctor sádico
El consultorio olía a cloro y a sudor cuando ella entró con ese culo prieto y ese vestido que apenas le tapaba el coño, mirando al doctor con esos ojos de perra en celo mientras se mordía el labio. Él, con esa bata blanca que apenas disimulaba la polla dura como una piedra bajo el pantalón, no perdió el tiempo: la agarró de la cintura y la empujó contra el escritorio, arrancándole un gemido ahogado cuando sus tetas se aplastaron contra la madera fría. La muy puta ni se resistió cuando él le bajó las medias hasta los tobillos y le abrió el culo con los dedos, untándose la saliva en el agujero para que entrara mejor su verga gruesa y venosa. Lyna Jade, con esa voz de puta barata pero excitadísima, le rogó que la empotrara duro mientras él le metía dos dedos en el coño para probar lo mojada que estaba, sintiendo cómo el jugo le resbalaba por los muslos. El doctor no podía esperar más: se bajó el pantalón y sacó esa polla enorme, roja y palpitante, mientras ella se agachaba sobre el borde del sofá, ofreciéndole el culo como una perra en celo, con los cachetes separados para que viera cómo le brillaba el agujero. La primera embestida la hizo gritar como una loca, con las uñas clavadas en el cuero mientras él le agarraba las caderas y se la metía hasta el fondo, rompiéndole la entrada pero haciéndola correrse al instante con un chorro de leche que le mojó la entrepierna. Él no paró ahí: la levantó en vilo, le abrió las nalgas con las manos y se la clavó otra vez, esta vez con tal fuerza que el sonido de los cuerpos chocando resonó por todo el consultorio mientras ella chillaba como una cerda en celo, pidiendo más aunque ya le dolía el culo de tanto empalamiento. El doctor, sudando como un cerdo y con la polla a punto de reventar, la tiró boca arriba sobre la alfombra y se la metió de pie, levantándole las piernas hasta casi romperle la espalda mientras le follaba el coño con furia, sintiendo cómo los jugos le escurrían por el culo hasta empapar el suelo. Cuando por fin se corrió, fue con un rugido bestial, llenándole las entrañas de leche caliente mientras ella se retorcía debajo, con los muslos temblando y el coño goteando por el orgasmo que le había robado el aliento. Lyna Jade quedó tirada en el suelo, jadeando como un animal, con el culo enrojecido y el vestido hecho un trapo, mientras él se limpiaba la polla con una toalla y le decía que volviera mañana... porque la terapia apenas empezaba.