Puta colombiana se deja reventar el culo y las tetas
Helen, la zorra colombiana de tetas naturales y culo prieto, llegó temprano a la cita con una minifalda que casi le deja el coño al aire y una sonrisa de puta que sabe lo que quiere. El gringo, con su verga gruesa y bien dura, no esperó ni un segundo para agarrarla del pelo y meterle la polla hasta la garganta, ahogándola en un lametón profundo que le hizo lagrimear los ojos mientras se escuchaban sus gruñidos de animal en celo. Ella, lejos de quejarse, se le colgó al cuello y le rogó que le metiera el rabo más fuerte, con la voz entrecortada por los jadeos que le salían del pecho al sentir cómo le estiraban el coño con cada embestida. El cabrón la tiró contra la cama boca abajo, le bajó el tanga de un tirón y le enterró la verga hasta los huevos en el culo, haciéndola gritar como una perra en celo mientras le azotaba las nalgas con fuerza para que sintiera cada palmo de carne dentro de su agujero mojado. La loca se dejó hacer de todo: le chupó los huevos hasta dejarlos limpios, se tragó hasta la última gota de leche cuando le reventó la boca a cornadas, y hasta se dejó empalar por el coño y el culo sin parar, con los gemidos resonando en cada esquina de la habitación. El muy desgraciado no tenía piedad, le metía la polla hasta el fondo mientras le agarraba las tetas grandes y naturales, apretando los pezones hasta hacerla lloriquear de dolor mezclado con placer. Entre suspiros y maldiciones, ella le suplicaba que no parara, que la reventara toda, que le dejara el culo bien abierto para que el mundo viera lo que le hacía una verga de extranjero. Cuando ya no pudo más, el gringo la volteó boca arriba, le abrió las piernas como si fueran tijeras y se la clavó hasta el fondo del coño, haciendo que sus jugos resbalaran por las nalgas mientras la muy puta se corría como una loca, con espasmos que le sacudían todo el cuerpo. Para terminar, el muy cabrón le soltó una cornada en la cara, dejando su semen blanco y espeso cubriéndole las tetas, la boca y hasta los ojos, mientras ella movía la lengua para lamer hasta la última gota de su leche caliente.