Terapia anal salvaje con April Paisly follada bruta
La doctora April Paisly llegó a la consulta con un vestido ajustado que apenas le tapaba el culo prieto y unas medias de red que le marcaban cada curva del cuerpo. Desde el primer vistazo él supo que no saldría de allí con la receta en la mano, sino con la polla enterrada hasta las pelotas en ese coño apetitoso que olía a sexo barato y desesperación. Ella se mordió el labio inferior mientras se quitaba la bata blanca, dejando al descubierto unos pechos firmes y redondos que saltaban al ritmo de su respiración jadeante. Él no pudo resistirse y le agarró la nuca con fuerza, empujándola contra el escritorio de madera donde minutos antes ella le había recetado un montón de pastillas que ahora sabía que no servirían de nada. La primera embestida la hizo gritar como una puta en celo, con los muslos temblorosos y el culo bien abierto para recibir cada golpe de cadera que le arrancaba gemidos guturales. Ella se agarraba al borde del mueble con uñas pintadas de rojo, sintiendo cómo la polla gruesa le abría el agujero hasta dejarla sin aliento mientras la humedad resbalaba por sus muslos. El sonido de los cuerpos chocando resonaba en la sala vacía, mezclado con los gruñidos masculinos y los suspiros femeninos que se convertían en alaridos cuando él le clavaba los dedos en las caderas para empotrarla más fuerte. April movía el culo en círculos, buscando que la polla le llegara más adentro, mientras él le escupía en el agujero para que el lubricante natural hiciera su trabajo sin piedad. Los golpes secos de carne contra carne se volvieron más rápidos, más brutales, hasta que ella sintió que el orgasmo le subía desde los pies hasta la garganta en oleadas de placer que le hacían arquear la espalda como una gata en celo. Él no se detuvo ni un segundo, follándola con rabia contenida mientras le susurraba obscenidades al oído y le apretaba los pechos con tanta fuerza que le dejaba marcas rojas en la piel. Cuando por fin eyaculó dentro de ella, fue con un rugido que sacudió las paredes del consultorio y dejó a April temblando, con el coño chorreando y el culo lleno hasta rebosar de leche espesa que le resbalaba por las nalgas.