Marido ve como negro enorme empotra a su esposa por el culo
La Kellenzinha llevaba semanas con los muslos apretados cada vez que su marido se ponía la corbata para ir a la oficina, pero hoy el negro ese de polla gigante le había prometido algo que la tenía empapada antes de que él siquiera cruzara la puerta. El tipo no llegó solo, trajo consigo un olor a sudor y a algo primal que le erizó la piel de los brazos cuando él le susurró al oído que le iba a partir el culo como nadie. Ella, con el coño ya chorreando por los muslos, se dejó caer de rodillas frente a esa verga monstruosa que le colgaba entre las piernas, gruesa como un brazo y reluciente por el pre-semen que ya le corría por los huevos. Él la agarró del pelo con fuerza, le escupió en el culo para abrirle el agujero y le clavó la punta sin avisar mientras ella soltaba un gemido que le retumbó en las paredes de la sala. El marido, desde el sofá con la entrepierna reventando, solo atinó a mover la mano sobre su propia polla mientras veía cómo el negro le metía hasta los huevos dentro de ese culito prieto que ella tanto presumía en las fotos de Instagram. Cada embestida le hacía temblar las tetas, que botaban como gelatina madura bajo los empujones brutales, y la Kellenzinha no paraba de gritar que le reventara el culo, que quería sentirlo correrse dentro hasta dejarla llena. El negro, con los huevos bien cargados, la agarró de las caderas y se la empotró sin piedad, el sonido de los choques de carne contra carne ahogando los sollozos de ella cuando por fin le soltó un chorro caliente que le llegó hasta el fondo del útero. El marido, con los ojos vidriosos y la boca abierta, se corrió en los pantalones al ver cómo el negro le dejaba el culo bien abierto, brillante y goteando semen por las piernas, mientras ella le agradecía entre jadeos con voz ronca por haberle dado el mejor polvo de su vida.