Olesia invita a Luiggidick a follar como una perra sumisa
A media tarde, con el sol filtrándose por las cortinas, Olesia se quita el short y se inclina sobre la cama, mostrando su culo respingón y el coño ya mojado. Luiggidick entra sin avisar, la mira y sonríe con malicia. 'Arrodíllate y chupa', ordena, y ella obedece al instante, metiéndose su polla dura hasta la garganta mientras él le agarra el pelo. El sonido de sus gemidos ahogados llena la habitación cuando él la empuja más adentro, hasta que las lágrimas le corren por las mejillas. 'Puta, ¿quieres más?', gruñe, y ella asiente desesperada, suplicando con la mirada. Él la voltea de golpe, la pone a cuatro patas y le clava la verga de una estocada, haciéndola gritar. Cada embestida la hace rebotar, sus tetas grandes saltan con cada impacto, y él le da nalgadas mientras le exige que pida permiso para correrse. 'Por favor, señor, ¿puedo?', balbucea ella entre jadeos, y él se ríe antes de ordenarle que se quede quieta mientras se vacía dentro de su coño apretado. Luiggidick se aparta, limpiándose la polla con una toalla, y mira cómo Olesia se queda temblando, con el semen goteando entre sus piernas.