Mia Moon revela su secreto: le encanta el sexo duro y sucio
Esa tarde en su apartamento, Mia Moon me miró con esos ojos de puta sumisa que me volvían loco. Sabía que llevaba semanas imaginando mi polla gruesa dentro de su coño apretado, pero hoy iba a descubrir lo que realmente le excitaba. Le ordené que se arrodillara y me chupara la verga como una perra obediente, y sus gemidos ahogados me confirmaron que estaba empapada. Cuando la empujé contra la pared y le arranqué las medias negras, sus muslos temblaron al sentir mis dedos abriéndole el culo. La hice rogar por mi polla, diciéndole que solo la follaría si me demostraba que era una zorra necesitada. En más de 16 minutos de escena, la penetré hasta que sus tetas rebotaban con cada embestida, escuchando cómo me pedía que la llenara de leche. Cuando por fin me corrí dentro de su coño, Mia gimió como una perra en celo, pero le advertí que esto era solo el principio: la próxima vez, usaría mi mano para ahogar sus gritos mientras la empotraba contra el suelo.