Culo grande y prieto se masturba con los dedos
La morena de pelo largo se recostó en el sofá con las piernas bien abiertas mostrando ese coño depilado que tanto le gusta a las que la miran, mientras sus dedos resbaladizos se hundían despacio en su raja mojada dejando escapar gemidos que le salían del pecho. Con la otra mano se agarraba con fuerza el culo grande y redondo, apretando los cachetes para sentir mejor cómo se le humedecía el sexo al ritmo de sus caricias, imaginando que eran otras manos las que le abrían los pliegues para chuparle el clítoris hinchado. Los pezones duros se le marcaban bajo la camiseta ajustada, rozándose contra el tejido cada vez que movía los dedos más rápido, empapando su propia palma con los jugos que le corrían sin control. Se mordió el labio inferior hasta casi sacarse sangre cuando notó que un dedo se le escurría sin resistencia dentro de su cueva caliente, sintiendo cómo el dedo se le hundía hasta el nudillo mientras su coño palpitaba desesperado por más. Se quitó la ropa de un tirón, dejando que la camiseta volara por los aires y los pantalones se le enredaran en los tobillos, quedándose completamente desnuda frente al espejo para ver cómo se masturbaba con más saña, metiéndose dos dedos de golpe mientras con la otra mano se masajeaba el clítoris hinchado que ya le ardía de placer. Los gemidos se le volvieron roncos cuando se dio cuenta de que estaba a punto de correrse, sintiendo cómo el orgasmo le subía desde el vientre hasta hacerle arquear la espalda y dejar caer la cabeza hacia atrás, con los muslos temblorosos y el coño chorreando mientras sus dedos no paraban de moverse dentro de ella, estirándola hasta límites que solo ella conocía. Cuando por fin la ola de placer la arrastró, se dejó caer contra el respaldo del sofá con los ojos vidriosos y la respiración entrecortada, sintiendo cómo las contracciones del orgasmo le recorrían el cuerpo desde el coño hasta los dedos de los pies, dejando su sexo completamente empapado y su piel brillante de sudor. Antes de que se le pasara del todo el subidón, se llevó los dedos a la boca para chuparse los jugos que le quedaban pegados, gimiendo al probarse a sí misma mientras se acariciaba el culo grande con la otra mano, imaginando que era otra boca la que se lo comía entero.