Mi novia española me hace una mamada al llegar de trabajar
Nada más cruzar la puerta, Andrea se lanza sobre mí con esos labios carnosos rodeando mi polla dura como una piedra mientras sus tetas naturales se balancean libres bajo la blusa ajustada que aún lleva del trabajo. Apenas tengo tiempo de soltar el maletín cuando ya me tiene de rodillas frente al sofá, sus uñas pintadas de rojo arañando el respaldo mientras su lengua caliente y húmeda recorre toda la verga desde la base hasta la punta, lamiendo cada vena con una devoción que me hace gemir como un puto desesperado. No hay preliminares, no hay juegos, solo el instinto animal de una zorra que lleva horas imaginando cómo me va a chupar la leche hasta dejarme seco. Esta vez no se conforma con una mamada cualquiera: abre bien la boca y me empala la polla hasta ahogarse, con los ojos llorosos y la garganta vibrando cada vez que la empotro sin piedad, sintiendo cómo su saliva se escurre por los labios mientras me mira con esa cara de puta sumisa que tanto me vuelve loco. Sus tetas, redondas y pesadas, saltan al ritmo de sus movimientos cuando la agarro del culo y la levanto en volandas para follársela contra la pared, el sonido de sus muslos chocando contra mi cadera mezclándose con los jadeos ahogados que escapan de su coño empapado. Andrea no solo me chupa la verga como una experta, sino que se corre dos veces seguidas antes de que yo le vacíe la boca de leche espesa, primero gimiendo con los dedos metidos en su conejito mojado mientras me traga cada gota de mi corrida, luego dejándose caer de rodillas otra vez para lamerme hasta dejarme limpio, con la cara toda empapada en semen y una sonrisa de puta satisfecha. Al final, se limpia con el dorso de la mano y me susurra al oído que quiere que la use como mi esclava sexual el resto de la noche, mientras su coño sigue goteando y su aliento huele a leche agria y a putería barata.