Amiga morena se la empotra mi pareja sin que nadie vea
Desde que llegó esa morena de curvas imposibles a la fiesta no paró de mirarme con esos labios carnosos y esos ojos que prometían pecado. Mi pareja no pudo resistirse cuando la vio mordisqueando un cubito de hielo con esa lengua juguetona, así que la arrastró al baño sin que su novia —mi íntima— se diera cuenta. Yo fingí no ver nada mientras ella se dejaba caer contra el lavabo con un gemido ahogado, la falda subida hasta la cintura y ese coño empapado que olía a sexo barato. Mi hombre se bajó el pantalón sin perder tiempo, mostrando una polla gruesa que ya goteaba pre-semen, y se la clavó de una embestida que la hizo arquear la espalda con un gritito agudo. La morena se aferró al espejo con las uñas pintadas de rojo, sudando como si acabara de correr una maratón, mientras él la empotraba contra la pared con golpes secos que resonaban en el azulejo. Entre jadeos y maldiciones, ella le chupó el cuello como una perra en celo, mordiendo sin piedad mientras él le agarraba ese culo prieto con ambas manos y se lo abría para sentir cada centímetro de su carne palpitante. Yo no aguanté más y me acerqué sin hacer ruido, metiendo mis dedos entre sus piernas para sentir lo mojada que estaba, cómo la humedad le corría por los muslos mientras la polla de mi pareja le abría el coño como un martillo neumático. La morena no pudo evitarlo y se corrió con un chillido, el cuerpo convulsionando mientras mi hombre le llenaba el vientre con su leche caliente, resbalando por sus muslos en hilos gruesos que le dejaron las piernas temblorosas. Cuando salieron del baño, ella tenía los labios hinchados de tanto morderlos, el maquillaje corrido y esa mirada de puta saciada que solo tienen las que acaban de ser bien folladas. Su novia ni se enteró, pero todos en la fiesta notamos ese aroma a sexo fresco que flotaba en el aire cada vez que ella pasaba cerca de mi pareja.